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Plagio en la Red


Si bien notamos que muchos cibernautas aprovechan el caudal de información que fluye continuamente por la Internet para aumentar sus conocimientos y expresar ideas u opiniones propias, también ocurre que paradójicamente la Red de Redes puede contribuir a la mediocridad intelectual de muchos otros transeúntes que  circulan por la Superautopista de la Información.

Es sorprendente encontrar a menudo (especialmente en temas nuevos) definiciones, ejemplos,  frases, párrafos y hasta documentos completos que se repiten a lo largo y ancho de la red por diferentes “autores” y en distintos idiomas.  En ocasiones, cuando se trata de copias en cadena, es fácil detectar el efecto “teléfono roto” que va degenerando la información de un documento original en otra totalmente errónea.

El plagio de documentos publicados en la Internet bien sea en la misma red o en un medio off-line, aparentemente corre menos riesgo de ser descubierto que el tradicional. Esto ocurre ante la avalancha de artículos, revistas y documentos electrónicos en general, muchos de los cuales no existen en el mundo de ladrillo y cemento, y cerrando más el círculo, en un determinado país, región, provincia o ciudad.

Esto ha permitido que el plagio en este entorno no escape a entidades públicas y privadas, legisladores, estudiantes, profesores, funcionarios públicos, empleados y profesionales que por una u otra razón deciden apropiarse de trabajos ajenos y presentarlos como si fuesen de su autoría sin mirar si la fuente de la que proceden es confiable y  tomando como cierto lo que en ella se dice, causando así una distorsión en la información y teorías falsas.

Lo que los plagiarios en esta modalidad no se imaginan es que puedan ser descubiertos.  El plagio de documentos de la Internet es fácilmente detectable, y aun más que el de los tradicionales ya que no se requiere ir de biblioteca en biblioteca ni abrir libro por libro para poderlo descubrir. Internet tiene las herramientas necesarias para evitar esta ardua labor.

Hay síntomas de plagio en los siguientes casos: -Cuando se utilizan innecesariamente palabras de otros países como ordenador en vez de computador e inversor en vez de inversionista- Cuando el estilo de redacción es diferente al del supuesto autor -Cuando tratándose de trabajos largos, no hay un estilo homogéneo- Cuando tratándose de trabajos largos no hay coherencia interna del tema, y - Cuando al colocar una frase sospechosa en un motor de búsqueda  aparecen escritos iguales y de diferente autor o autores.

Dejando a un lado las implicaciones jurídicas graves provenientes de esta práctica en materia de propiedad intelectual, lo ideal es que la Internet contribuya al mejoramiento intelectual de los individuos y no a su mediocridad.

Evitar este flagelo depende de todos nosotros. No permitamos que las generaciones presentes y las venideras dejen de producir trabajos intelectuales originales. La idea es que no nos apropiemos de escritos ajenos, sino que los citemos, y que no solo citemos sino que aportemos.
 

Milena Quijano Zapata
Abogada Especializada en Internet

Publicado en El Tiempo el 4 de marzo de 2002, página 3-8.  

 

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