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El contrato de hosting

Por: Milena Quijano Zapata 

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Hosting es una palabra inglesa que significa hospedaje, pero aún entre quienes hablan castellano es más común referirse al hosting que al hospedaje en el entorno de Internet.

El Hosting es un servicio remunerado o gratuito, mediante el cual una persona o empresa ponen al servicio de otra un espacio dentro de un servidor conectado a Internet. De tal manera que los datos e información alojados en este espacio, las páginas web, pueden ser accedidos en línea.

El Hosting es un contrato en el que las partes involucradas adquieren derechos y obligaciones. En muchas ocasiones, especialmente cuando se trata de empresas pequeñas con servidor propio dedicadas a otra actividad, el hosting es un acuerdo verbal. Pero tratándose de empresas organizadas, dedicadas profesionalmente al hosting, se exige la aceptación de un contrato para proceder a prestar el servicio.

Este contrato suele ser un contrato de adhesión, es decir, estipulado por el proveedor del hosting sin derecho a discusión por parte del usuario.

Otra característica del contrato de hosting es su atipicidad ya que no está especialmente regulado en nuestra legislación. Pero no por eso deja de ser vinculante puesto que se encuadra perfectamente en la definición que tanto nuestros códigos civil y comercial hacen del contrato.

El hosting es un contrato que involucra ingredientes técnicos muy específicos. El espacio otorgado al usuario medido en megabytes, el ancho de banda permitido, el sistema operativo y el lenguaje de programación a utilizar, son aspectos de vital importancia al momento de la escogencia del hosting por parte del usuario, de acuerdo con sus necesidades de tipo técnico.

Otro aspecto importante de esta innovadora figura contractual es su dinamismo. Es posible que la actividad desarrollada en línea requiera ajustes en el camino como por ejemplo, ampliación de ancho de banda o mayor cantidad de megabytes de disco duro. Así, con intercambio de correos electrónicos se ven modificados frecuentemente los contratos iniciales.

A nivel de seguridad las exigencias de parte y parte son fundamentales. Tanto el anfitrión como los huéspedes deben evitar todo tipo de acciones que afecten la seguridad del servidor. Como en un hotel, los empleados vigilan que todo esté en orden. Pero si un huésped deja entrar a un delincuente, los demás corren peligro. Cuando se trata de un hosting compartido lo que haga un usuario en el servidor, afecta a los demás. Igualmente si el proveedor no mantiene la seguridad del servidor bloqueando las vulnerabilidades y evitando ataques de terceros, la información alojada corre grave peligro.

Es evidente que la complejidad de esta relación no debe dejar nada al azar. Por eso es recomendable la suscripción de un contrato que la regule y que no deje por fuera situaciones que aún remotamente puedan presentarse en desarrollo del hosting. Tengan en cuenta, proveedores, que este documento no debe convertirse en un saco de causales de exoneración de su responsabilidad ni de cláusulas ambiguas y abusivas. Además de que nuestro derecho protege a los adherentes de un contrato de este tipo de disposiciones contractuales, es mejor dejar claras las reglas del juego para así o prevenir eventuales conflictos o facilitar la labor de árbitros o jueces que lleguen a conocer un caso originado en el servicio de hosting.

Conozcamos mejor el hosting porque, sin su aporte, la araña que teje la World Wide Web o Telaraña Mundial, no hubiera podido ser tan eficiente. Y de paso apostemos por la seguridad jurídica de los actores de este importante servicio.

 

Septiembre de 2004

 

Copyright © Milena Quijano Zapata, 2002-2004