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Despega la Firma Digital en Colombia

Por: Milena Quijano Zapata

 
Después de seis años de haber sido aprobado en Colombia el uso de la firma digital, esta forma de firmar ya se está comenzando a implementar.

La firma digital es una tecnología que permite firmar un documento electrónico, como por ejemplo, un archivo de Office, de música, el envío de datos vía correo electrónico y mediante un formulario en Internet, entre otros.

Por ser tan innovadora, muchas personas no entienden en qué consiste o la confunden con la firma escaneada, por lo tanto no la aprovechan. Pero lo cierto es que la firma digital existe y se hace necesaria cuando se maneja información, en el entorno electrónico, que tradicionalmente requiere firma manuscrita.

Así lo han entendido entidades públicas como las Superintendencias Bancaria y de Salud, que a través de Circulares Externas (No. 027 de julio de 2004 y No. 011 de diciembre de 2004, respectivamente), han exigido a sus vigiladas la adquisición de firmas digitales para firmar información remitida a estos entes de control, a través de Internet.

El Ministerio de Comercio, luego de crear la Ventanilla Única de Comercio Exterior para canalizar por Internet algunos trámites para las operaciones de importación y exportación, también exigió la firma digital. A través de Circular Externa No. 038 de junio de 2005, impuso su obtención a las Sociedades de Intermediación Aduanera – SIA-, a los Usuarios Aduaneros Permanentes – UAP- y a los Usuarios Altamente Exportadores –ALTEX-.

Uno de los atributos de esta firma es ser única a quien la usa, es decir, que no puede haber una firma digital para más de una persona. Por lo tanto, quien debe cumplir con la firma de un documento electrónico, debe obtenerla individualmente. Si es el representante legal, o el revisor fiscal o el contador quien debe firmar, cada cual debe obtener su propia firma digital.

La única entidad en Colombia que ofrece este producto  es Certicámara S.A., autorizada por el gobierno para operar como Entidad de Certificación Abierta, es decir, está al servicio del público en general y cobra una tarifa por sus productos.

Las entidades de certificación también son conocidas como “terceros de confianza” ya que no sólo expiden certificados con la firma digital sino que también permiten al receptor del documento firmado, verificar si el firmante es quien dice ser.

Otra particularidad de esta firma sin tinta es que permite garantizar que el documento no ha sido alterado, garantía que no ofrece la firma manuscrita por ser técnicamente imposible.

Si bien esta forma de firmar ha tomado fuerza en el marco del Gobierno Electrónico, ya es hora de que las empresas no esperen a que alguien se las imponga. Su utilidad en las comunicaciones comerciales electrónicas y en sus procesos internos es innegable. 

Un mensaje de correo electrónico sin firma digital es como un escrito sin firma. El campo del nombre del remitente es fácilmente manipulable y no es prueba de que el mensaje haya sido enviado por esa persona.

Es importante resaltar el respeto que tanto las entidades mencionadas como otras que están implementando procesos con firma digital, le están dando a la Ley 527 de 1999 (puede consultarse esta norma en www.i-uris.com/leyes/ley/527.htm) mejor conocida como Ley de Comercio Electrónico, pero que en realidad regula la validez de los documentos electrónicos, sean o no comerciales. 

Ahora que ha despegado en forma, es momento de seguir el ejemplo y de seguir implementando esta firma para que, sin ser impuesta por una entidad del Gobierno, todos podamos comenzar a disfrutar sus beneficios.

Medellín, Septiembre 1o. de 2005

 

Copyright © Milena Quijano Zapata, 2002-2005